Hay millones de veganos en el mundo. Cada uno con su historia, con sus motivos para serlo.

Muchas veces se trata de un proceso lento y gradual y es difícil poner el dedo exactamente en el momento clave o simplemente hay varios. Otras veces, hay una serie de acontecimientos a nivel personal, y zás, sin darte cuenta cómo, ya estás dentro del tinglao y no hay marcha atrás.

A mi personalmente me apasiona aprender cómo las personas cambian, en general. Y en nuestro caso, más me interesa saber qué es lo que lleva a una persona a decirse a sí misma: soy vegana.

Te cuento cómo me hice vegano yo.

Mi etapa omnívora

Siempre había comido carne, pescado, lácteos y huevos. Soy flexible a la hora de comer, me adapto con facilidad y no soy especialmente caprichoso, pero desde luego uno de mis sueños de infancia era tener un restaurante de comida italiana donde todos los platos llevaran doble ración de queso.

Mi pareja, Eden, me había soltado un par de veces en el pasado la idea de hacernos vegetarianos, pero sin demasiada convicción, la verdad. Nunca descarté esa posibilidad. Durante muchos años, mientras viajaba por algunos países del mundo, pasaba meses sin comer carne y no me fue especialmente difícil.

De hecho, ni siquiera tenía claro por qué había que ser vegetariano. Seguramente hubiera balbuceado algo sobre los beneficios para la salud y tal, pero poco más. Recuerdo que en alguna ocasión pasé por lugares donde repartían folletos con el lema “Meat is murder” (la carne es asesinato). Pero nada. Un muro.

Otra vez, recuerdo que en el mismo sitio, había ya dos tipos de folletos. En uno se decía lo mismo, “la carne es asesinato”, pero en el otro decía “la leche es violación”. La verdad es que no lo entendí, me pareció totalmente descabellado, y lo aparté de mi mente. El muro…

Mi etapa vegetariana

Y entonces, un buen día, decidimos hacernos vegetarianos. Eden y yo estábamos leyendo el periódico y encontré un artículo que explicaba las increíbles y monstruosas sustancias que venían en la carne que comíamos. Desde antibióticos hasta pesticidas, hormonas y aditivos de todo tipo. Una amplia gama de toxinas empaquetada en un bistéc o una hamburguesa. El artículo logró su objetivo. Nos inundó el miedo y el asco. La consecuencia lógica era decir “Dejamos de comer carne”. Y eso es lo que decidimos de mutuo acuerdo: no más carne.

Eden me contó de un vídeo en youtube que hablaba de ese tema. No había visto el vídeo pero lo veía anunciado todo el tiempo. Era una conferencia grabada. La encontró, escuchamos unos segundos, vimos que duraba más de una hora y decidimos verla juntos en otro momento.

Salimos a comer. Ambos pedimos bocadillos sin carne. Por la noche quedamos con familiares, y a petición nuestra, fuimos a una pizzería. Comimos ahí la que sería a posteriori mi última pizza “normal” y volvimos a casa.

Al día siguiente, desde el trabajo me escribía con Eden, que estaba en casa, a punto de dar a luz en cualquier momento. No sé por qué, pero me sentía muy excitado por haber dejado la carne, pero también porque decidimos que después de cenar en casa veríamos juntos la conferencia en youtube.

Por la noche, nos sentamos a cenar. Sobre la mesa: arroz, un cocido de lentejas al estilo hindú, tostadas, ensalada, y mantequilla.

Eden me preguntó: “¿Qué, qué te parece? ¿Vamos a dejar realmente la carne?” Yo miré la mesa y le dije que creía que la cena ya mostraba la dirección en la cual nos estábamos moviendo.

– Parece que ya está decidido.
– ¿Y el pescado?
– Uff, -le dije- el pescado me costará más. Ya sabes, España, pescadito frito, y tal… Pero si tomamos la decisión de dejar también el pescado, la tomamos y lo asumiré.
– ¿Y los lácteos?
– No te pases. El queso es uno de los mayores placeres del mundo.

Recuerdo perfectamente esta conversación, quizás por lo que pasó después.

Cómo me hice vegano

Tras la cena, nos sentamos en el sofá y empezamos a ver la conferencia de Gary Yourofsky. Durante el vídeo, le empezaron a Eden las contracciones previas al parto. Mi hija nos comunicaba que se estaba preparando para llegar. Yo estaba hipnotizado y me esforzaba por no perderme ni una palabra de lo que decía ese hombre calvo y delgado. Cuando la charla terminó, sabía que mi vida había cambiado. No iba a colaborar nunca más con la industria de la carne, del pescado, los lácteos, los huevos y la miel. Ni la de las pieles ni los espectáculos con animales.

Cómo me hice vegano
Gary Yourofsky dándole caña – “El mejor discurso que jamás escucharás”

Esa noche, cuando Eden se fue a dormir, me quedé viendo otro vídeo, el de la sesión de preguntas y respuestas posterior a la conferencia. Luego vi más vídeos. Hasta que me fui a dormir también.

Mucha gente llega al veganismo a través del vegetarianismo. En mi caso, la etapa vegetariana duró algo así como 30 horas. Mi conversión al veganismo fue fulgurante.

A la mañana siguiente, la cuestión era saber qué hacíamos con todo el stock de quesos que acabábamos de comprar dos días antes. Eden decidió aprovecharlos y se preparó una ensalada con quesos. Me preguntó si me importaba, le dije que no. Nos sentamos en el sofá, el uno al lado del otro. Cada uno con su ensalada. Olía el queso a mi lado y ni siquiera me tentaba. Comprendí que algo realmente profundo había cambiado en mi.

El resto es historia.

¡Gracias!

Para mí descubrir el punto de vista vegano, descubrir la palabra misma “especismo” fue una revelación y una liberación. Me siento agradecido por haber abierto los ojos, por haber tomado la pastilla roja de Matrix. ¡Qué suerte haber despertado!

Así es cómo me hice vegano yo. ¿Y tú?

¿Fue con una conferencia? ¿Con un libro? ¿Con un artículo? ¿Qué momento fue el detonante para empezar el proceso que te llevó al veganismo? ¿Fue por motivos de salud? ¿Fue por el medio ambiente? ¿Hubo alguien que te animó y te ayudó a abrir los ojos? ¿Qué es lo que te cambió la manera de pensar y de mirar a los animales?

¿Cómo te hiciste vegano?

3 comentarios

  • A mí me pasó algo parecido a lo tuyo. Yo he llevado una vida de culpabilidad porque sentía que eso de comer animales no estaba bien y no deseaba hacerlo, pero al mismo tiempo en mi cultura es lo que se hace. Crecí comiendo muchísima carne, porque además en mi familia son mucho más de carne que de pescado. Y me encantaba el queso y la leche. Yo de hecho creía que sin eso no podría ser feliz. Puedo decir que gracias a Internet y la posibilidad infinita de información que ofrece, pude adentrarme en esa filosofía del veganismo que me resultaba extraña y cosa de celebridades, y poco a poco me fui dando cuenta de que mi modo de vida no era el único posible. Como los cambios son difíciles empecé siendo vegetariana a mi modo, eso significa que aunque dejé carne, lácteos y huevos, aún seguía comiendo pescado. Era más sencillo en lo que se refiere a socializar, ya que cuando sales por ahí resulta imposible comer o cenar si eres vegano, por lo menos en mi país, España. Pero un buen día, el revelador discurso de Gary Yourofsky me hizo sentir hipócrita y carente de valores y terminé adoptando el veganismo en su totalidad. Es lo mejor que he hecho en mi vida.

    • Entonces tu solo comes hierba? ( pregunta típica)

      La respuesta que recibió le hizo no volver a preguntas sandeces

      – tú no sabes que es mejor estar callado y parecer jilipollas que hablar y confirmarlo

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